Lona

Beso la lona de las batallas perdidas.

De los versos que preferí no escribirme

porque me lo advertían…

Parezco tan roto

como una caja de música que desafina

la única canción que quería dedicarme.

Si me levanto y vuelvo a mi esquina,

no dejo de escuchar acordes a destiempo

sonando a despedida.

Banda sonora del chocar de mis esquirlas.

Esa puta manía de buscarme el punto debil

antes de darme cuenta de que llevo lanzando golpes al aire contra sombras

sin detenerme a ver si eran mías.

Estoy magullado. Me he tumbado en el último derechazo.

He intentado hacer malabarismos con todos los “y si…?”…

y me he olvidado de mantenerme en equilibrio.

Beso la lona porque ya me he visto antes entre estas sombras,

y seguir en el suelo no es tan malo

como dejar de hacer pie.

Yo, que disfrutaba flotando entre mareas,

descubro que no me hacen feliz

si no controlo a dónde me llevan.

Suena la campana y ya no recuerdo

el por qué del siguiente asalto.

Nadie se ha quedado a ver el resultado

y en la barra del fondo

se empieza a oír como recogen los vasos

de tragos amargos….

Hay un niño sentado en la barra

mirando con pena lo que no llegó a ser.

Hay sirenas de fondo ocultando el ruido

que produzca mi cuerpo

cuando vuelvan a hacerme caer.

Hay un portero fumando

mezclando mi historia con humo…

Y hay que cerrar.

Ya no quedan reflejos contra quien pelear.

Ya no queda público al que pueda importar

donde cuelgue los guantes

antes de irme a acostar.

Fuera, en la calle no hay ruido,

resuena aún mas cada paso perdido.

Llego a casa rendido:

Una carta me avisa que el plazo

para recuperar el orgullo ha vencido.

Hay un café que aún humea

y un crucigrama a medias

en donde, a duras penas, encajan

las palabras que no me escribí

por no querer escucharlas.

Y hay un niño que duerme ligero

soñando en voz alta,

que aprieta los puños

susurrando a mi oido

que empieza a cansarse de tanta batalla.

Dos locos

Deja que te acompañe esta noche a casa.
Deja que haga Torre Eiffel de cada marquesina que nos proteja de la lluvia por dentro.
Que recalibre las brújulas y que dejen de guiarme a nortes.
Déjame que ponga en tu boca las frases calladas de un par de canciones de Andrés Suárez a las que por fin les he puesto cara.
Deja que salte en los charcos que le devuelven los mapas al cielo.
Que Orión nos pida prestada la luz esta noche.
Deja que en vez de jugar mis cartas, te deje a ti barajarlas…
… Y que saques una…
… Y jugarme el destino a tu azar.
Déjame hacer de esta noche bandera blanca que agitarle al mundo. Y pedirle tregua al tiempo.
Seamos el mejor universo de dos, aunque dure apenas 100 metros.
¿Nos estás escuchando? Somos dos locos que se guardan la cura del otro.
Si tienes frío te presto la piel.
Tranquila si equivocas el paso y le haces herida.
Saber elegir quien te la hace, bien merece la cicatriz.
Llevo años esperando una estrella sin ánimo de fuga,
y empiezo a entender que yo no fugaba por ver si pasabas.
Déjame hacer de estos últimos 100 metros la mejor vida de todas las noches.
Déjame acompañarte a casa esta noche.

Borrones

Estoy seco.
Oigo el crujir de ramas y recuerdos de segunda mano
cuando dejo caer el brazo al escribirte…
con cada trazo emborrono la tinta
de frases sobre ti que no te nombran.
Estoy seco, pero estallan los cristales donde te bebo a tragos cortos.
Todo parece aún peor idea si me trago las excusas
mientras cortas mis labios con esquirlas
y no a mordiscos.
Se me está acabando el papel y la paciencia
para no gritártelo y ahogar los jadeos.
Pero solo tengo las manos llenas de tinta y los labios en carne viva.
Otra muesca en tu pared,
otra astilla en mi herida.
Con el próximo borrón, voy y te nombro.
Y hago del ritual de contar las horas
en las que estás con otro, nuestra consigna.
A falta de papel, me dibujo relojes sin minutero
en cada esquina de esta piel que tu no tocas.
Estoy seco, desorientado y con todos estos relojes contando horas sin manecillas.
Asi siempre estarás llegando puntual a nuestra cita.
En el próximo trago
emborrono el recuerdo de segunda mano
y hago hoguera de ramas secas y besos cortados
para esconder, entre el humo y las letras,
que, aunque viva pendiente del reloj,
seguirá siendo mía la culpa
de que las muescas en la piel
sean sólo el resultado
de emborronar el papel
y no haber encontrado el valor
para haberte nombrado.

Si esto suena a despedida

Nunca me quedo demasiado.

Es el efecto colateral de los desenlaces.

Mientras el mundo va ordenando sus piezas,
voy haciendo las maletas
buscando otros caos.

Como si me fuese del cine
a tiempo de no ver el fin.

Siempre fui de irme
antes de tener que decir adiós.

Me voy callado, sin hacer apenas ruido,
revolviendo la arena para no dejar mucha huella.
No me despido, voy pasando desapercibido.

Voy retrasando planes, ausentándome hasta que no se note el vacío.

Mientras el mundo se ordena
voy esquivando su estabilidad.

Siempre tuve miedo de quedarme a un lado
así que aprendí a vivir entre los márgenes.

Aparezco entre frases, intento no dejar mi letra
y me vuelvo a esconder entre las grapas
de las historias que por fin se cierran.

Y allí espero, callado,
mientras todo queda atado,
a que en otro libro, en otra estrofa, en otro caos
vuelva a caber mi letra
y que, hasta el siguiente adiós,
deje de ser solo yo el que esta buscando su estrella.

Escribe

Ojalá algún día escribieras tú por mi.

Te rasgases en frases sin sentido,

de las que duelen y sólo dos entienden.

A veces me gustaría no hacerlo yo.

Escribe que nuestros cuerpos se conocen como si se hubiesen creado unidos,

pero que se buscan como si se hubiesen acabado de descubrir.

Escribe qué después de haberte quejado tanto

de que yo era el culpable de la caída de tus hojas,

no sabes como puedes estar tan presente en todas en las que yo escribo.

Escribe que tus raíces ya no se sienten tan firmes

desde que no se lían buscando tierra firme en mi cuerpo.

Escribe que el camino es más fácil

pero caminas sobre alambre.

Que el recorrido sin mi es más sencillo

pero que cada paso duele un poco más…

… dime como deja marca ir en sentido correcto.

Escribe que en cada mapa soy tu cruz,

que dejas con sed a las botellas

por poder mandarme al mar tus coordenadas.

Escribe sobre lo poco que faltaba para ser UNO y TODO a la vez.

Pon en palabras lo nunca dicho,

explica al resto por qué soy yo

el que aún te escribo.

De zonas cero y soldados caídos

Que por salvar algo nuestro,

elegí salvarte a ti,

pude mandarte lejos,

al menos de mi.

La explosión debió de ser ensordecedora

pero yo estaba contando los pasos de ventaja que le sacabas a mi vida.

La onda expansiva dejó sordas nuestras canciones,

veló nuestras fotos,

disimuló las cicatrices con metralla nueva,

pero evaporó el muro de hielo que fabricamos.

Ahora ya sólo me ahoga de vez en cuando.

Solo cuando recuento los pasos que te alejaban de nuestra zona cero y se me olvida salir a flote a tomar aire.

A veces incluso me canso de escribir flotando entre escombros.

Pero estoy bien.

Le sonrío a mi madre para que olvide que vio a su hijo vencido.

Y he vuelto a aquel bar con los amigos.

Casi nunca recorro la carta pensando en que hubieses pedido.

No bailo porque me faltan tus pasos, pero sonrío apoyado en la barra. A veces miro a los vecinos de copa vacía y sonrisa perdida y pienso si vendrán aquí a morir todos los soldados caídos.

Mis amigos ya pueden hablar de ti aunque me tiran los puntos que nos unían. Ya casi ni dueles.

Todo está bien.

Que tonto estoy, no te he preguntado por ti.

¿Tú has vuelto a querer?

Yo en cuanto te escriba un poco más, me pondré a ello.

O quizás no, quizás voy y te espero.

Por si vuelves a la zona cero en busca de recuerdos.

¿Te ha costado vivir sin ser nosotros?

Vaya tonterías digo, hacia tiempo que habíamos dejado de hablarnos en plural. Ya casi ni usábamos el singular. Ya casi no nos dejaba el frío.

¿Fuiste feliz?

Ojalá si.

Le darías sentido a las heridas. No quisiera más cicatrices que las que cuentan viñetas de nuestra historia.

De verdad, ojalá seas feliz, aun sabiendo lo que te falta.

Un beso desde nuestra zona cero. Voy a seguir aquí un tiempo más, dibujándote en versos.

No vaya a ser que un día me cure y se me olvide el recuerdo.

Asteriscos

Yo soy el que al brindar, llena la copa,

y, cuando llega a los labios,

ya se ha derramado más de la mitad.

Soy el que brinda en vasos medio vacíos,

por medias alegrías,

por medias mentiras.

Por vivir la vida así,

a medias.

Soy el que sale con el pie derecho

esperando que el cómo coloque mis pies

me cambie la suerte.

Vivo perdiendo más tiempo asegurándome de adelantar el derecho

que en entender por dónde estoy yendo.

Yo, que cruzo los dedos cuando tengo miedo,

que cruzo los brazos si me veo perdiendo,

evito cruzar las líneas con las que pinto un camino falto de sorpresas.

Yo, que pierdo el tiempo, la paciencia, el contacto, los amigos, los amores, cuatro recuerdos, la voz en medio de gritos, el salir en muchas fotos, las ganas de todo…

… sigo haciendo la lista cada día de lo que me estoy perdiendo…

y vuelvo a cruzar los brazos.

Y llegas tu y haces de mis cruces asteriscos.

Te vuelves pie de página de todo lo que aún no comprendo.

Me explicas en tu contexto.

Haces importantes mis medias verdades.

Y pagas la ronda del siguiente brindis,

haces ovillo los límites de mi camino,

descuadras mis cuentas de saldos negativos.

Descruzas mi mano y me haces cruzar las puertas

sin que me de tiempo a saber

si ha pisado el derecho primero esta vez.

¿Qué hacemos ahora que te vas con toda esta guerra entre mis dudas y tus certezas?

¿Dónde guardamos la historia que no fue y que llenamos de asteriscos?

¿Dónde te volveré a encontrar si ya no se ni por donde va el camino ni dónde debo poner el pie?

¿De dónde saco las fuerzas para ponerte en la lista, y entre miedo y enfado, sacar los motivos para cruzarme de brazos?

Por ti, que sea por ti este trago, de historias que se beben en vasos a medias.

112

Te he dejado 111 notas al lado del teléfono.

111 “te quiero, pero…”

Te quiero, pero quiero que uses las alas para surcar los cielos que te pinté.

Te quiero, pero ya no llega.

Te quiero, pero no sé ser sin ser contigo, y me asusta.

Te quiero, pero no parece suficiente para serlo todo.

Te quiero, pero no quepo en tus renglones.

Te quiero, pero he puesto demasiado volumen en frases que no has escuchado.

Te quiero, pero te tarareo en todas las canciones que cantas a otro…

111 razones para dejarnos ir. Para darnos la oportunidad de no ser metralla en el cuerpo roto del otro. Que si estalla esta granada, no muramos de a poco por fuego amigo.

Que hemos llovido tanto que nos ha llegado el agua al cuello y ya no nos quedan “salvate tú” en la despensa.

111 bocados de arena de naufragar en las mismas orillas.

Cartas de navegación a puertos equivocados.

111 puntadas en un traje que nos queda grande.

111 notas al lado del teléfono…

y solo una, está, la 112…

“Te quiero, pero tengo 111 razones para no hacerlo. Y aun así, no quiero”